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Aprenda todo lo necesario sobre la historia de Jeremías

Jeremías fue un profeta hebreo (650-586 a.C). Vivió en Judá, Jerusalén, Babilonia y Egipto. Es autor del Libro de Jeremías, de la Biblia, así como los Libros de los Reyes y el Libro de las lamentaciones. El nombre de Jeremías significa: “Dios me eleva”. Veamos un poco más de la historia de Jeremías.

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Historia de Jeremías

Jeremías fue considerado un profeta, porque traía mensajes de Dios. Hay dos tipos de profetas: Profetas mayores y Profetas menores. Los primeros escribían textos más largos y los segundos, los más breves; Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, fueron profetas mayores, mientras que Oseas, Sofonías, Miqueas, Zacarías, Abdías y Malaquías, Joel y Amos, algunos de ellos, que son 12 en total. (ver artículo: Historia de Egipto)

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Vivió en Anatot, cerca de Jerusalén, en una finca con sus padres. Fue llamado por Dios a profetizar, pero al principio se resistió por ser muy joven y débil, a lo que Dios respondió:

No digas que eres demasiado joven o demasiado débil, porque Yo iré contigo y te ayudaré“.

Empezó a profetizar sólo por medio de la palabra hablada, por 17 años, durante el reinado del rey Josías (627 a.C), del rey Joacim o Joaquín y Sedecías. Su labor fue llamar al arrepentimiento al reino de Judá y a estos reyes, quienes estaban cometiendo maldades. Yahvéh les había impuesto un castigo, serían conquistados por los caldeos si no ofrecían su corazón a Dios.

Luego, dictaba sus profecías a Baruc, su secretario, recopilando los 52 capítulos del Libro de Jeremías en la Biblia, que se llevaron unas 70 páginas, escritas en rollos. Baruc lo acompañó en buena parte de su loable misión.

Como profeta se caracterizó por soportar las acusaciones y múltiples apremios con férrea entereza, de los reyes y los principales de Israel, lo azotaban y hasta lo abandonaron en estanques o lo encerraban entre rejas. (ver artículo: Historia de Jerusalén)

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Jeremías fue despreciado y humillado

A Jeremías no lo comprendieron ni entendieron, no le hacían caso. Sólo el piadoso rey Josías le hizo caso, se apoyó en él para restaurar la religiosidad en todo el país y entusiasmar a su pueblo por Dios. Pero los otros reyes lo despreciaron y no le atendieron los avisos que daba en nombre de Dios.

El rey Joaquín llegó a quemar las profecías que había mandado escribir Jeremías, las que tuvo que volver a escribir. Durante el reinado de Sedecás lo encarcelaron y metieron en un pozo profundo lleno de lodo, donde casi muere, cosa que le afectó considerablemente su salud.

Fue testigo de la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén (585 a.C.) y se quedó consolando y corrigiendo a los israelitas que se habían quedado. De allí lo invitaron a Egipto, donde lo mataron a pedradas por haber corregido sus maldades.

Había sido amenazado de muerte varias veces, para que no siguiera profetizando en contra de las ciudades y sus gobernantes. A lo que Dios le anunció: “Te haré fuerte como el diamante si no te acobardas. Pero si te dejas llevar por el miedo, me apartaré de ti“. Esto lo hizo ser más fuerte y siguió predicando. (ver artículo: Historia de la Biblia)

Clamor a Jesús

El profeta les decía al pueblo y a sus gobernantes que debían convertirse de sus maldades, caso contrario tendrían castigos espantosos y sus ciudades serían destruidas, trayendo muerte y destierros. Por lo general lo decía en el templo y en las calles y plazas, consiguiendo sólo burlas de las personas y no le hacían caso a sus profecías.

Le clamaba a Dios: “Señor, estoy cansado de hablar sin que me escuchen. ¡Todos se burlan de mí! Cuando paso por las calles se ríen y dicen: ‘Allá va el de las malas noticias’. ¡Miren al que regaña y anuncia cosas tristes! Señor me propongo decirles cosas amables y Tu en cambio pones en mis labios anuncios terroríficos!”.

Desafió la política y paganismo de los reyes Joaquim y Sedecías, cuando profetizó sobre la invasión de Babilonia (pueblos del norte), anunciando igualmente el castigo de Yahvéh, por la corrupción y la violencia que estaban en contra de Dios. Decía que hablaban de paz pero no la cumplían.

A Jeremías lo han comparado con Jesús por los sufrimientos y el haber sido incomprendido y perseguido. Después de su muerte, el pueblo reconoció la gran santidad del profeta, además cuando vieron que sus profecías se habían cumplido a la letra, reconocieron que sí hablaba en nombre de Dios. Fue demasiado tarde.

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Profecías

La primera versión de su libro fue destruida por el rey Joaquim, quien le prendió fuego. Durante este gobierno, Jeremías siempre estuvo en peligro de muerte.

Cuando gobernó Sedequías la situación empeoró, lo trataban con crueldad, además de acusarlo de espía de los babilonios, por haber proclamado que Judá sería destruida si no se arrepentía y no retomaba la alianza con Yahvéh, por sus pecados. Jeremías se lamentaba por su destino, pero nunca dejó su misión profética.

Pidió liberar a los esclavos como muestra de conversión. Al principio acataron su llamado, pero los amos los volvieron a privar de libertad, tras ser liberados. El profeta tomó esta actitud como el sello del destino que le aguardaba al reino de Judá, de Sedequías y de Jerusalén. Además de la derrota de Judea, también anunció que Babilonia sería también destruida y se instauraría una Nueva Alianza.

Se cumplió la profecía de Israel

Así ocurrió. Nabucodonosor, en el año 587 a.C., derrotó a los judíos, se llevó cautivos a los notables, también a los hijos del rey, a quienes ejecutó en su presencia y les arrancó los ojos,  llevándolos a Babilonia; también esclavizó a miles de personas.

Los babilonios destruyeron el Templo de Jerusalén, sólo respetaron a los pobres y Jeremías se fue primero a Mizpah y luego a Egipto. Jeremías fue salvado por Nabucodonosor, quien lo sacó de la prisión de Ramá (Belén), donde lo tenían encadenado, muchos judíos huyeron a Egipto, tal como decían las profecías de Jeremías.

El Señor le mostró una visión del futuro con perspectivas de esperanza. Tal como Isaías, Ezequiel, Oseas, Amós, Miqueas y Zacarías, otros profetas, Jeremías vio la congregación de Israel, que Judá retornaría a sus propiedades y que Israel sería grande, muy grande. Todo esto fue escrito por Jeremías y ha llevado una luz de esperanza sobre una nación sufrida. Sus profecías son una pieza importante para la restauración de nuestra época.

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Libro de Jeremías

Su libro, el Libro de Jeremías, es el segundo en la Biblia hebrea, escrito por los últimos profetas, además de ser el segundo de los profetas en el Antiguo Testamento cristiano. Se caracterizó por mostrarse más como persona, con no muy buenas noticias para sus seguidores, reflexionaba con Baruc, su escribano, sobre su papel como siervo de Dios.

Está escrito en hebreo, de forma poética y también compleja, hay también una versión griega (una traducción griega sobre un texto escrito en hebreo). Son muy diferentes ambas versiones, lo que ha hecho trabajar a los estudiosos para reconstruir los hechos históricos del Libro.

Se escribió un texto más largo, el cual, aparentemente, fue para reemplazar al más corto. La versión corta se convirtió en canónica para las iglesias ortodoxas griegas, por su lado, la más larga, la adoptó el judaísmo y las iglesias cristianas occidentales.

Su mensaje va dirigido sustancialmente a los judíos en el exilio, en Babilonia, especialmente. Quiere explicar el desastre que generó la adoración pagana de Israel, comparando al pueblo con una esposa infiel con hijos rebeldes, que inevitablemente conducen al juicio, aunque con posibilidades de restauración y nuevo pacto.

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Partes del libro

​Se puede dividir, para su lectura, en una parte biográfica, otra de prosa y las cadenas poéticas. La primera parte se centra sobre todo en los acontecimientos que condujeron al lugar y caída de Jerusalén en el año 587 a.C. ante los babilonios; da las fechas precisas en que el profeta actuara a partir del 609 a.C.

Las prosas, no biográficas, están por todo el libro, por ejemplo, el sermón del templo y el pasaje del Pacto. Aunque se considera que es poco probable que hayan sido obra directa de Jeremías, sí están dentro de sus tradiciones, conforme a lo que dijo e hizo.

Confesiones de Jeremías

La parte poética está formada por oráculos, que habla en nombre de Dios. Tratan sobre la infidelidad de Israel a Dios, su llamado al arrepentimiento y sobre los ataques contra el sistema religioso y político. No tienen fecha ni contexto histórico claro, pero se aceptan como las enseñanzas de Jeremías, en la etapa inicial del libro.

Hay otros pasajes poéticos, más personales, que se denominaron confesiones de Jeremías o diario espiritual, en los que el profeta se ve muy afectado por el fracaso de su misión, se sume en la amargura, entristecido por los que se oponen, ignoran y llega a acusar a Dios de traicionarlo.

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Se determinó que los tres aspectos del libro, el poético, el biográfico y el narrativo, provienen de distintas fuentes, fueron modificadas algunas estructuras.

Los oráculos originales de Jeremías, se encuentran, probablemente, en las secciones poéticas, pero por las diferentes ediciones sobre el libro se han cambiado de manera profunda, incluso se ha aumentado el texto.  Supuestamente,  puede estar involucrado el mismo compañero del profeta, Baruc, su escriba y las posteriores generaciones de deuteronomistas.

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