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La historia de Eleguá o Elegguá es milenaria. Es una deidad (orishá) de la religión yoruba, procedente de África, que dio origen a la santería en Cuba y Venezuela, o el candomblé en Brasil y Colombia, entre otros. Es uno de los siete dioses del panteón Yoruba.

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Pattaki o historia de Elegua

El padre de Eleguá o Elegguá era Okuboro, rey de Añagui. También se dice que fue hijo de Obatalá y Yembo, hermano de Shango, Oggun, Ozun y Orunmila. (ver artículo: Historia de Colombia)

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Cierto día Eleguá andaba con su séquito, topándose con una cosa con luz brillante y tres ojos que emergía del suelo. Se dio cuenta que era el fruto de un cocotero y le gustó, pero oyó una voz de adentro que decía: “cuidame y líbrame de las polillas y los gusanos que querrán comerme con el tiempo; si me proteges, te daré salud y prosperidad“.

Prometió cuidarlo mientras viviera y se lo llevó al palacio, contando lo sucedido con el coco. Todos se burlaron del niño y tiraban el coco de un lado a otro, sin que Elegguá pudiera evitarlo. Un consejero del rey le aconsejó que escondieran el coco para que se olvidara de eso, grave error, ya que el niño enfermó y a los tres días murió.

La corte y todo el pueblo lloró la muerte del príncipe, además, se vio en una mala situación y concluyeron que ese coco podía ser la causa, por el hecho de haberlo abandonado, estaba vacío y se lo habían comido los bichos. Así fue como llamaron a un adivino, quien les dijo que habían ofendido a un genio bueno que vivía dentro de ese coco y lo habían ultrajado, por tal razón había muerto el príncipe.

El rey, arrepentido, mandó a venerar al coco y pedir perdón y protección, pero sus ojos no volvieron a brillar nunca más. Nuevamente consultaron al adivino quien aconsejó: “debemos ponerle ojos, boca y oídos para que nos escuche y pueda hablarnos“.

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El genio volvió

Le incrustaron unos caracoles como ojos y el genio pudo ver, le incrustaron dos conchas en los oídos y el genio pudo volver a escuchar sus plegarias; le pusieron una boca y el genio habló, transmitiendo toda su sabiduría a ese pueblo ignorante, al cual perdonó.

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Así fue como los viejos decidieron colocar una piedra de santo en donde estaba el coco, detrás de la puerta. Ese fue el origen de Eleguá como orishá. Vive mayormente detrás de la puerta, cuidando el ilé (casa) de quien lo posee. Es quien abre o cierra el astral para la felicidad o infelicidad del ser humano, es el portero del monte y la sabana.

Los Guerreros

Elegguá es uno de los primeros orishás que se recibe, es del grupo de Los Guerreros, junto a Oggún, Oshosi y Osun. Ganó suficientes privilegios para ser el primero en ser atendido, fue el único que fue y regresó del mundo de Ará Onú. Por ello su mano de caracoles es mayor, tiene 21, así como ese es el número de sus caminos. Le pertenece el oráculo del coco (Obí), junto a Obatalá. (Ver artículo: Historia de Yemayá)

Sincretismo

Los esclavos traídos de Cuba, por miedo a perder sus raíces, se vieron en la necesidad de adoptar el nombre de un santo católico a sus santos. Habían muchos que venían de diferentes partes de África y tenían nombres diferentes. (ver artículo: Historia de Cuba)

Está simbolizado por las rocas y está considerado como el mensajero de Olofin. Sincretiza, en la santería, con el Santo Niño de Atocha, San Benito Palermo o San Antonio de Padua. Su número es el tres (3) y lo representan los colores rojo y negro. Los días lunes y los días tres de cada mes son de él.

Debido a su importancia, Elegguá es el primero en llamar en cualquier acto religioso y el último en irse. Es el inicio y el fin de todos los caminos, nacimiento y muerte, bien y mal.

Es el mensajero de los dioses, sólo si él así lo quiere y decide, ninguna ofrenda llega a ellos si él no lo quiere.

Santo Niño de Atocha

Nunca se debe confundir a Eleguá con el Santo Niño de Atocha. Éste último es un santo católico y Eleguá es un orishá de la religión yoruba.

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Eleguá y Changó

Cuando Obatalá se enteró que Oggún había querido fornicar con su propia madre, mandó a matar a todos sus hijos varones. Al nacer Changó, Eleguá se lo llevó escondido a Dadá, su hermana mayor, para que lo criara. Poco después nació Orula, quien fue enterrado al pie de la Ceiba para salvarlo, allí le llevaba Eleguá comida todos los días.

Cierto día Obatalá se enfermó y Eleguá buscó a Changó para que lo sanara, cosa que hizo. Eleguá aprovechó de pedirle a Obatalá que perdonara a Orula y éste lo concedió. Changó se alegró mucho y cortó la ceiba, labró un tablero y le otorgó a su hermano Orula, el secreto de la adivinación.

Desde ese episodio, Orula es dueño del tablero, adivinador del futuro y consejero de los hombres. Interpreta el oráculo de Ifá.

Eleguá Laroyé

Se saluda ¡Laroyé Eleguá!

Hay quienes dicen que Elegguá tiene 21 caminos, aunque otros sostienen que son 101 o más. Cada uno de ellos se caracteriza de manera distinta y tiene una responsabilidad diferente,  relacionada con el lugar de la casa donde vive, o su naturaleza.

Uno de esos caminos es Eshu Laroyé, que se caracteriza por ser muy bailador y amante del dinero. Es burlón, el orishá de las bromas y su comportamiento es como de un niño.

Es también famoso por su glotonería, malcriadez y a veces es malicioso. Tiene gusto por los dulces y caramelos, mejor aún, por todo tipo de chucherías, al igual que le gustan mucho los juguetes, los puros (tabaco) el ron y el aguardiente. Entre sus ofrendas no faltan peloticas de maíz con miel y guayaba.

Eshu Laroye

Eshu Laroyé es muy sabio y se encuentra en la puerta de la entrada de la casa, sabe todo y advierte de los peligros y enfermedades que se avecinan. Es un guerrero y acompaña siempre a Oggun y Oshosi, protector de la casa y consejero en cuestiones de negocios.

Protege también, de modo especial,  a Oshún, se le encuentra en los ríos regularmente. Se dice, en algunas historias o patakís, que es hijo de Oyá, quien lo abandonó, por eso su nombre “Laroyé”, aunque hay quienes dicen que significa “hablador”.

Se guarecía en las puertas de las casas, luego empezó a vivir en la orilla del río con Oshún. Guardián de los niños, sobre todo los huérfanos, mendigos y desamparados.

Características

Eleguá Laroyé es muy irritable, a veces salva, a veces mata, hay que tenerlo siempre contento. Es quien organiza los pasos de los hombres y los santos. Es quien decide que se encuentren o que no se vean nunca por los caminos de la vida, dirige el destino de los hombres.

Al morir, el coco (Obí) brilló con una luz resplandeciente, tan clara que todos se aterraron, eran unas pupilas penetrantes. Desde esa vez, en las encrucijadas de los caminos, emboscado en las sendas, vigila con su rostro de piedra y ojos de caracol, también detrás de las puertas.

También conocido como Ligua, Liwaa, Legua en la religión Yoruba, es el que abre los caminos y el destino, el camino de la vida, la prosperidad, felicidad, suerte o desgracia. Su nombre significa “el mensajero príncipe”.

Sus atributos son los cascabeles, un bastón o garabato de guayaba, una trampa de ratón, juguetes de niños, monedas, pitos, matracas, maraca pintada en rojo y negro, sombrero de guano o paja, todo colocado en una vasija plana. Sus elekes o collares están formados con cuentas rojas y negras, en forma alterna. Su objeto de poder es el garabato.

Atuendos

Atuendo de Laroyé

Se viste con levita y pantaloncillos. Lleva siempre agua, un bastón de madera de guayaba, dinero, una cazuelita con dulces y tres macheticos con los que defiende la puerta de la casa.  Su ropa es de colores roja y negra, lleva sombrero de yarey rojo. Tiene un cuerpo joven pero cara de viejo, siempre con dulces y juguetes, especialmente, en su gorro o sombrero, lleva bolitas y caracoles. A veces, se viste todo de rayas rojas y negras.

Espiritismo de Eleguá

Al bajar Eleguá, el mismo correrá y se pondrá tras una puerta. Dará brincos, hará muecas infantiles, contorsionará y jugará como un niño. Sus movimientos pueden ser eróticos, haciendo bromas a la audiencia y desaparecerá, para luego aparecer cuando menos lo esperan. Se para en un pie y da vueltas rápidamente.

Se le debe dar un garabato, que utilizará para hacer una mímica de abrir un camino, entre una espesa vegetación. Los demás danzantes lo imitarán en sus movimientos, bien sea de manera individual o en grupos, girando en contra de las manecillas del reloj.

Hay quienes se oponen a esta teoría del espiritismo de Elegguá, no están de acuerdo con los que aseguran, que pueden hacer bajar al espíritu de este orishá.

Espiritismo de Eleguá

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