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Descubra la verdadera y más completa historia de Daniel, el profeta de Dios

Daniel, es el autor y principal protagonista del “Libro de Daniel”, parte de los Ketuvim (en el judaísmo) y del Tanaj y la Biblia, en las que lo consideran como un profeta. Su nombre significa “Dios es mi juez” y/o el “Juicio de Dios”, esta es la historia de Daniel.

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¿Era Daniel un profeta?

En el libro de Ezequiel se nombra a Daniel como un sabio, excelente personal, dechado de virtudes y rectitud. Pero aparecen otros con el mismo nombre, Daniel, el hijo de David y otro, hijo de Itamar. Nacido en el siglo VII a.C., probablemente en Jerusalén y murió en el siglo VI a.C., en Babilonia. (ver artículo: Historia de la Biblia)

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Según referencias aparecidas en la Biblia, Daniel fue miembro de la tribu de Judá, que estuvo cautiva en Babilonia luego de la destrucción de Jerusalén, de manos de Nabucodonosor. Así que Daniel, pasó de ser uno de los sirvientes a consejero principal de Nabucodonosor, tras impresionarlo con la interpretación de un sueño que tuvo y había olvidado.

Daniel recibió visiones apocalípticas, en las que se anunciaban, por medio de símbolos y claves, el advenimiento del Reino de Dios en la tierra.

Por su fe, lo mandaron al foso de los leones, del que afortunada y milagrosamente, salió ileso, mostrando al rey Baltasar el gran poder de Dios. (Ver artículo: Historia de la Iglesia Católica)

Los cristianos incluyen a Daniel entre los profetas mayores, en la iglesia católica, así como la ortodoxa, es considerado y venerado como un santo. Los judíos lo consideran como el autor del libro homónimo, pero no como profeta. De igual manera, los islámicos no lo mencionan en el Corán, pero lo aceptan como un profeta. Lo celebran los días 21 de Julio.

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¿Cuál fue el sueño de Nabucodonosor?

Nabucodonosor tuvo un sueño durante el segundo año de su reinado. El mismo lo dejó angustiado, no lo dejó dormir por noches enteras, pero no recordaba cuál fue la causa de tal angustia. Llamó a magos, astrólogos, encantadores y expertos en artes adivinatorias, para que le interpretasen su sueño, pero los puso a prueba cuando les dijo que no lo recordaba.

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Como ninguno de ellos pudo hacerlo, los arrestó y luego los mandó a ejecutar. Daniel fue arrestado, aun cuando no estaba metido en el negocio, pero para salvarse, le dijo al jefe de guardia, Arioc, que le diera un plazo para darle respuesta satisfactoria al soberano. Le concedieron la petición y Daniel, junto a sus compañeros, oraron y pidieron a Yahveh (Dios), que les revelase el misterio.

Esa misma noche, tuvo una visión, vio el sueño del monarca y se fue al día siguiente a contarle a Nabucodonosor y ofrecerle una interpretación del mismo. Gracias a esa acción, Daniel fue nombrado Gobernador de la provincia de Babilonia, así como Jefe de sabios y expertos. Sus acompañantes judíos, Ananías, Misael y Azarías, también recibieron importantes cargos en la administración del imperio.

Sueño

De aquel sueño, Nabucodonosor sólo recordaba una gran estatua, con mucho brillo, cuya cabeza era de oro, su pecho y sus brazos de plata. Tanto el vientre como las caderas eran de bronce y las piernas de hierro, los pies igualmente eran de hierro pero con barro sin mezclar. Había una roca que la desintegraba sin dejar rastro alguno de la misma, a su vez la roca se iba agrandando hasta llenar toda la tierra. (ver artículo: Historia del oro)

Daniel, quien logró soñar lo que había soñado el rey de Babilonia, le explicó el significado. Dios había dado a conocer al rey lo que sucedería en un futuro, los metales simbolizaban la caída de un imperio en forma progresiva, hasta que llegaría un reino “que no será destruido jamás”, un reino que no era de hombres, sino de Dios.

Su permanencia con Nabucodonosor fue hasta que Belsasar lo sucedió en el trono. En el libro de Daniel omiten a otros personajes como Evilmerodac, Neriglisar, Labashi-Marduk y Nabonido, atribuyendo a Belsasar ser hijo de Nabucodonosor, aunque no en forma literal, sino sólo como descendiente.

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Simbología

La estatua simboliza al ser humano y su futuro, así como a las naciones o imperios que serían los responsables de dirigir al mundo.

El oro simboliza la luz de Dios, o, en este caso, un pueblo elegido para gobernar, donde Nabucodonosor era la cabeza.

Lo sucederían cuatro imperios, a saber, según la interpretación dada:

El imperio asirio-babilónico

Imperio medo-persa

Imperio greco-macedonio y

el imperio romano.

O

El imperio babilónico

Imperio medo

Imperio persa y

el de los ptolomeo-seléucida.

El de oro, era el imperio babilónico (autocracia), mientras que el de plata (pecho) era el imperio medo-persa (monarquía oligarca), el estómago de bronce representaba al imperio griego, fundado por Alejandro Magno y sus sucesores en Siria y Egipto (Gobierno militar-aristocrático).

Por último, las piernas de hierro, que reflejaban fortaleza, simbolizaban a Roma, con los Césares (Imperio democrático) y los dedos de hierro y barro cocido, reflejan a Europa en los últimos tiempos. (ver artículo: Historia del hierro)

La roca, no cortada con manos, era la montaña que cubre toda la tierra y que representa a Dios y el mensaje, según la Biblia, para la humanidad, dando las características de su Reino, en su Segunda Venida. Hubo quienes interpretaron esa piedra, como al Rey Ciro, guiado por Dios, para su liberación y posterior regreso a Israel.

La estatua fue destruida por esa piedra, es decir, por los imperios mundiales, pasando desde el babilónico hasta el último reino, conformado por 10 naciones, de los postreros días. “Los reyes del mal” han sido vistos por los judíos en las figuras de Hitler, Carlomagno y Antioco de epifanes IV, éste último abolió el culto a Dios en Jerusalén, en el año 165 a.C. (ver artículo: Historia de Israel)

La historia de Daniel

Las pocas referencias sobre Daniel están plasmadas en el libro bíblico con su nombre. Estos datos se pueden complementar con los aportados por Flavio Josefo, aunque se ignora la fuente de los mismos. Según lo escrito allí, Daniel provenía de una familia noble del Reino de Judá, posiblemente de la realeza.

Daniel, al igual que muchos de sus hermanos profetas, fue llamado a servir como ministro de reyes y emperadores. Cuenta la historia que Nabucodonosor (año 605 a.C) llevó a los primeros judíos a Babilonia, entre ellos estaba Daniel, para servir en la corte del Rey. Gracias a su rectitud y sensibilidad, fue altamente favorecido por Dios, quien lo bendijo y le dio el don de interpretar sueños y visiones.

Esta cualidad hizo que el emperador lo elevara a puestos más privilegiados, convirtiéndose en el ministro del Señor ante ellos. Alcanzó el mayor puesto, el de Jefe o Principal de los sabios, equivalente a un rector de una universidad nacional.

Era uno de los principales mandatarios de los imperios babilónicos y persas. Por esta razón, fue odiado por muchos hombres, hasta el punto de estar su vida en peligro, pero el Señor siempre lo protegió y preservó.

Daniel en la fosa de los leones

Esta historia de Daniel en la fosa de los leones, nos deja una enseñanza sobre las promesas y la fidelidad de Dios. Es una pequeña historia que nos da un respiro y fe de que Dios está con nosotros, aun cuando pensemos y sentimos que no hay remedio, que todo está perdido. Refleja el valor que tuvo Daniel, que no se postró ante un hombre por ser fiel ante Dios, acción que lo llevó a salvar a toda una nación.

Es una historia ejemplar, que profetiza sobre el final de los tiempos que dio paso al reino de Dios, recordando que en esa época el judaísmo se encontraba realmente amenazado.

¿Qué pasó con Daniel?

En el reino había “sátrapas”, las cuales eran grupos de hombres, establecidos por el rey Darío, para llevar a cabo diligencias del reino, sin necesidad de molestar al rey. Siendo Daniel una persona de elevados principios y siervo impecable de Dios, tuvo en su contra algunos de sus compañeros, quienes lo querían incriminar en algún delito, conseguirle algún defecto o acto corrupto, pero no lo lograron.

Montaron un plan para que el rey Darío dictara una ley en la que se castigara a aquella persona que rindiera culto o fidelidad a cualquier Dios u otra persona que no fuera el rey. Ese castigo era echarlo a la fosa de los leones. Lograron que se firmara el edicto y fuera declarado por el rey.

Daniel conoció de esta nueva ley, más no se inmutó, siguió firme y su corazón seguía obedeciendo a los mandatos de Dios, para lo que rezaba tres veces al día con las ventanas abiertas. Los sátrapas al verlo, lo acusaron con el rey de haber roto la ley y demandaron que pagara con su vida. El rey, con dolor, por el aprecio que sentía hacia Daniel, lo mandó a echar a la fosa de los leones y que le pidiera a Dios para que lo protegiera.

Milagrosamente, el profeta no sufrió daño alguno en el foso y a la mañana siguiente el rey Darío, al comprobar el hecho, ordenó liberar a Daniel y mandar al foso a sus acusadores, quienes fueron devorados brutalmente por las bestias.

El banquete de Belsasar

Otro episodio en la vida de Daniel fue el registrado en el libro como “Banquete de Belsasar”. Éste, como soberano corregente de Babilonia, el monarca era su padre Nabónido, celebraba un festín junto a sus nobles y tuvo la ocurrencia de beber en los vasos sagrados, que habían sido sustraídos del Templo de Jerusalén.

Misteriosamente, una escritura apareció en la pared, escrita por una mano espectral, dejando atónitos a los presentes, nadie sabía explicar lo que estaba ocurriendo. Llamaron a Daniel, por sugerencia de la reina, quien sabía de sus poderes y dones. Daniel descifró aquella escritura, la misma anunciaba, en arameo, la caída de Babilonia a manos de los persas.

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Belsasar nombró a Daniel como tercer señor del reino. Esa misma noche, la ciudad fue tomada y mataron al rey.

La adoración de la estatua de oro

El rey Nabucodonosor mandó hacer una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y ordenó que la colocaran en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. Mandó a llamar a todos los sátrapas, gobernadores, prefectos, tesoreros, magistrados y jefes de provincia, en fin, todas las autoridades representativas del gobierno, para que vieran y adoraran la estatua que había mandado a erigir en su honor.

Estos se pusieron de pie ante la estatua y el heraldo proclamó con fuerza: “A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente:

Apenas escuchen el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente“.

Apenas escucharon el sonido de estos instrumentos, todos los pueblos se postraron para adorar la estatua de oro; se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos Sadrac, Mesac y Abed-negó, de no haber hecho caso al pedido del rey, diciendo que ellos no servían a sus dioses ni adoraban la estatua que había erigido en su honor. Por tal motivo, los sentenciaron a que fueran arrojados dentro de un horno de fuego ardiente.

Tres jóvenes al horno de fuego

El rey Nabucodonosor se llenó de rabia e indignación cuando supo que los judíos Sadrac, Mesac y Abed-negó, no habían acatado al llamado de honrar su estatua de oro, la que había mandado a erigir en la llanura de Dura, en Babilonia. Los mandó a llamar y les preguntó:

“¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí?

¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué dios podrá salvarlos de mi mano?”

A lo que los jóvenes respondieron: “No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto…” y además le advirtieron que Dios los podía salvar del horno de fuego ardiente al que quería enviarlos y que los libraría de sus manos. Además, le dejaron saber que no servirían a sus dioses ni adorarían la estatua de oro que había erigido.

El rey, muy molesto, mandó activar el horno, siete veces más potente de lo que era normalmente. Enseguida los hombres más fuertes de su ejército ataron a los jóvenes y el rey ordenó arrojarlos al horno de fuego ardiente. Así fue, pero además de caer los chicos, debido a lo fuerte de las llamas, los hombres que los lanzaron murieron, por efecto del calor emanado por las llamaradas.

Se salvaron del horno de fuego

Después de lanzados los jóvenes al horno caliente, Nabucodonosor se levantó y preguntó a los consejeros del gobierno:

— ¿No arrojamos al fuego a tres hombres atados?

—Así es —le respondieron

—Pues yo veo cuatro hombres desatados, que caminan en medio del fuego sin que les pase nada, y el cuarto hombre tiene el aspecto de un ángel.

Se acercó a la boca del horno y llamó por sus nombres a los chicos:

— ¡Sadrac, Mesac y Abed-negó, siervos del Dios altísimo, salgan y vengan aquí!

Los tres chicos salieron del horno, de entre las llamas; todos fueron testigos, las autoridades se acercaron a los jóvenes y corroboraron que sus cuerpos no tenían ninguna señal de haber sido tocados por el fuego, ni sus pelos, sus vestidos, nada estaba estropeado, ni siquiera olían a quemado.

Nabucodonosor exclamó: «¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-negó, que envió a su ángel para salvar a sus siervos fieles, que no cumplieron la orden del rey, prefiriendo morir antes que arrodillarse y adorar a otro dios que no fuera su Dios!  Ahora pues, yo ordeno que cualquier hombre que hable mal del Dios de estos jóvenes, sea descuartizado, y su casa convertida en un montón de escombros, sea cual sea su pueblo, nación o lengua, pues no hay otro Dios que pueda salvar así

Después de ese acontecimiento, el rey le dio a estos tres jóvenes los cargos más importantes que existían en la provincia de Babilonia.

La casta Susana

Durante la juventud, según el libro, en las secciones deuterocanónicas, cuando Daniel contaba con unos 14 años de edad, fue cautivo y llevado a Babilonia, después de la caída de Jerusalén (587 a.C.). Había una mujer, Susana, quien había sido acusada injustamente de adulterio, era joven y bella, admirada, pero también envidiada y odiada. Dos ancianos, de la comunidad de los desterrados la acusaron sin pruebas ni razones.

Daniel la defendió y probó, a través de un hábil interrogatorio, que esos dos ancianos eran los que realmente habían acosado a la mujer, la cual no cedió a sus deseos y por eso ellos tomaron esa actitud vengativa contra ella. Daniel salvó a la joven de su casi segura muerte.

Profecías y visiones

Hubo dos visiones importantes de Daniel, según el libro, durante el primer y tercer año de gobierno de Belsasar. En ellas vio a animales fantásticos que representaban a los reinos que sucederían al Imperio Babilónico, hasta que fueran destruidos y llegara un hijo del hombre que venía en nombre de los “santos del Altísimo”, es decir, el resto del pueblo judío, a asumir el poder en un nuevo mundo.

La narración bíblica sobre las “Setenta semanas” es una de las más célebres atribuídas a Daniel. Según esa historia, en el primer año del mandato del rey Darío, Daniel aseguró que en los escritos de Jeremías se anunciaba el fin de los setenta años de desolación de Jerusalén.

Recibió una revelación, a través de Gabriel, que reflejaba la reconstrucción de la ciudad, la muerte de un Mesías o Ungido y el cumplimiento de todas las profecías. Los plazos para esos eventos eran medidos en semanas, que correspondían a períodos de siete años. Esto anunciaría, según algunos teólogos, el nacimiento y muerte de Jesucristo.

También conocida fue la profecía del carnero y el macho cabrío, en la que se muestra la derrota y conquista del imperio medo y el imperio persa, bajo las manos de Alejandro Magno.

Otras visiones apocalípticas, como las recibidas durante el tercer año de Ciro, cuando vio a los ángeles protectores de Persia, Javán (Grecia) e Israel, luchando a favor de sus respectivas naciones. Vio invasiones y guerras en la tierra de Israel, donde se veía claramente la lucha de poder entre personajes como el “rey del norte” y el “rey del sur”, quienes posiblemente eran algunos de los soberanos de la época helenista.

Daniel y el Islam

Según las tradiciones islámicas, Daniel predicó en Iraq durante los reinados de los reyes persas, Lahorasp y Ciro. Lo consideran un profeta, aun cuando no lo mencionan en el Corán, su libro sagrado. Al Tabari, historiador, cuenta que Daniel resucitó a varias personas muertas mil años atrás, con sus plegarias, historia que refuerza la parábola de Ezequiel.

Daniel le pidió permiso a Ciro para reconstruir el Templo y después regresar a Palestina, a lo que Ciro accedió al primer pedido pero no al segundo, alegando que “si tuviera mil profetas como tú, quisiera que todos se quedasen conmigo”.

Hay otras culturas y tradiciones que consideran al profeta como el Rey de Israel, cuando regresó de la cautividad en Babilonia. Así mismo, le atribuyen la invención de la geomancia y la autoría del libro “Usul al-Ta’bir” (Principios de la Interpretación de los Sueños).

Dijeron, también, que había dos Daniel. Uno, el antiguo, que vivió entre la época de Noé y la de Abraham y otro, Daniel el joven, quien era tio materno de Ciro y autor del libro “Kitab al-Jafar” (Libro de la Adivinación) y de muchas otras predicciones sobre los reyes de Persia.

Daniel y los rabinos

Estos lo consideran perteneciente a la realeza, cuyo nacimiento era una de las profecías de Isaías al Rey Exequias: “y tus hijos que tú has engendrado serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia” (Isaías 38).

Escritos cristianos

Para los cristianos, es uno de los cuatro “profetas mayores” según el catolicismo, junto a Isaías, Jeremías y Ezequiel. Le atribuyen el haber predicho las fechas de nacimiento y muerte de Jesucristo, así como el retorno de Cristo a la tierra (Parusia) y grandes guerras apocalípticas.

Muerte de Daniel

De su muerte no hay testimonios bíblicos, no hay datos claros sobre si regresó a la tierra de Judea o se quedó en Mesopotamia, lo último, al parecer, es lo más seguro. Si realmente vivió durante el reinado de Ciro, en Babilonia, en el año 539 a.C., quiere decir que tendría una edad centenaria.

Su muerte pudiera estar entre el tercer año del reinado de Ciro y la muerte de éste, es decir, entre los años 536 y 530 a.C. Posiblemente, Daniel murió en Babilonia, pero como sus seguidores lo veneraban en una tumba, en Susa, se supone que es allí donde realmente murió.

Tumba de Daniel

Hay diferentes versiones sobre la muerte y el lugar donde están los restos de Daniel. Por lo menos, seis sitios se acreditan el hecho de tener la tumba de Daniel en sus regiones.

Irak (antigua Babilonia)

Se basan en el Martyrologium Romanum (Martirologio Romano), libro oficial de la Iglesia Católica. Conmemoran su muerte el 21 de Julio y aseguran que fue enterrado en esa ciudad, en una cripta real.

Susa‌, Irán

Hay una vieja tradición local, compartida por igual por judíos y musulmanes, que aseguran que el profeta Daniel fue enterrado en esa ciudad. Hay incluso testimonios y relatos de escritores árabes, persas y sirios, con la historia de ese entierro.

Por ejemplo, uno de ellos, Benjamín de Tudela, cuenta como el cuerpo era reclamado por los moradores de las riberas del río Coaspes (Ulai de la Biblia y Karcheh, hoy día), hasta que el Sha Shanjar ordenó que colocaran el féretro en el centro de un puente, que cruzaba el río. Allí, hay actualmente un santuario, con un mausoleo que data de la segunda mitad del siglo XIX.

Kirkuk, Kurdistán iraquí

En esa ciudadela, también le atribuyen una tumba a Daniel. Donde dicen que está era antiguamente un edificio religioso judío y luego una iglesia cristiana, para terminar siendo una mezquita musulmana. Hay cuatro tumbas que supuestamente le pertenecen a Daniel y a otros cuatro jóvenes que lo acompañaron.

Tumba en Samarcanda

Samarcanda, Uzbekistán

Hay una creencia en Samarcanda, la cual surgió después de que Tamerlán intentó conquistar Siria y también La Meca, no pudo porque, según uno de sus consejeros, le dijo que allí están los restos de Daniel, el profeta. El conquistador en una acción militar, logró apoderarse del cuerpo y lo hizo trasladar a Asia Central, bajo su dominio. Dicen que de esa tumba brota una fuente de agua con poderes curativos, según los creyentes.

Muqdadiyah, Irak

Después de haber bombardeado Al Wajihiya, cerca de Muqdadiyah, año 2007, algunos informantes dijeron que la tumba de Daniel el profeta, estaba allí y era uno de los objetivos de los grupos insurgentes locales. La misma fue atacada y dañada.

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