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Descubra la verdadera historia de Abraham, con toda su descendencia, vida y muerte.

La historia de Abraham y del pueblo judío, empieza en los períodos de la edad del bronce en el medio oriente, donde Dios prometió a un líder errante que se llamaría Abraham, y sería el patriarca de un gran pueblo si concebía lo que Dios le expresó.

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Los judíos reflexionan a Abraham como el primer influyente del pueblo judío. Abraham fue la originaria alma en ilustrar la idea de que había un solo Dios; previo de eso, la gente profesaba en diversos dioses. Cáusticamente, el progenitor de Abraham, Teraj, se había ganado la vida comerciando ídolos de diversos dioses.

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Abraham, también escrito en hebreo como Avraham, primariamente llamado Abram, apareció a comienzos del segundo milenio a.C, el inaugural de los patriarcas judíos y una figura venerada por las tres grandes religiones fieles, el judaísmo, el cristianismo y el islam. Conforme con el libro bíblico de Génesis, Abraham abandonó Ur, en Mesopotamia, ya que Dios lo citó a organizar una nueva patria en una tierra no habilitada que más tarde se supo que era Canaán. Él acató completamente los decretos de Dios, de quien recogió frecuentadas promesas y un tratado que su “semilla” obtendría la tierra.

En el judaísmo se concibe que la casta prometida es el pueblo judío sucesor del hijo de Abraham, Isaac, concebido por su esposa Sara. De manera análoga, en el cristianismo, la familia de Jesús se encumbra a Isaac, y el casi holocausto de Abraham es visto como un auspicio del sacrificio de Jesús en la cruz. En el Islam, Ishmael, el hijo legatario de Abraham, nacido de Hagar, es corregido como el desempeño de la promesa de Dios, y el Profeta Muhammad es su heredero. (Ver articulo: Historia de la Guitarra)

Abraham y Sara

Sara tenía todas las grandiosas condiciones que Abraham poseía. Ella era culta y cordial, y una profetisa. Y Di-s le dijo a Abraham que concibiera lo que ella dice. En algún momento Dios le dio su palabra a Abraham y a su esposa Sara que un día podrían ser padres, contrariamente de que eran viejos y no disfrutaban de hijos. Dios no quedaba seguro de que Abraham lo creyera. Entonces, una noche, lo sacó fuera y explicó: “¿Ves todas las estrellas que residen en las alturas”? Cuando Abraham alzó la vista, todo el cielo noctámbulo estaba repleto de estrellas, tantas realmente que nunca lograría contarlas. Entonces Dios dijo: “Así es cuántos hijos disfrutarás”.

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Unos años después, cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor concluyó cambiar el nombre de Abram a Abraham, que simboliza “el padre de muchos”. Él asimismo cambió el nombre de Sara, que anteriormente era Saraí. Dios les dijo reiteradamente que serían padres y que disfrutarían un varón. Esta ocasión Abraham se rio tan enérgico que se derrumbó de bruces; era dificultoso creer que él y Sara tendrían un hijo en su longevidad.

Un día, tres visitas consiguieron la casa de Abraham, y el se adelantó a congregarse con ellos. “¿Puedo traerte pizca para comer y tomar?” Abraham inquirió. “Por favor, ven y acoplate a nosotros, y reposa en el sofá”. Los visitantes quedaron acordes, y entonces Abraham les aportó pan fresco, leche y carne picada. Mientras los invitados consumían, le indagaron a Abraham: “¿Dónde está tu esposa Sara?” Abraham especuló que esto era un poco raro, pero él indicó: “Ella está en la otra habitación”.

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Así pues, uno de los hombres dialogó y dijo: “Regresaré a verte en este instante el año que viene, y Sara obtendrá un hijo”. Ahora Sara estaba oyendo detrás de la puerta del salón. Ella empezó a reír, pero se tapó la boca y se rió porque no pretendía que la oyeran. Luego se dijo a ella misma: “¿Cómo logro tener un hijo, si tengo casi 100 años?” Abraham y Sara, luego, cuando los invitados se habían marchado, se dieron cuenta de que el individuo que les había dicho esas palabras, era en realidad Dios. Un año más tarde, Sarah tuvo un hijo. Ella y Abraham lo nombraron Isaac, lo que simboliza “se ríe”. Estaban muy emocionados y conmemoraron agradecer a Dios por Isaac. (Ver Articulo:Historia de la Música Clásica)

Sara y Agar

Sara era la cónyuge de Abraham, y Agar fue la asistente de Sara. Dios le había ofrecido a Abraham muchos sucesores, pero diez años más tarde de la promesa, Sara aún no lograba tener hijos, y ambos quedaban a punto de volverse muy ancianos para tener hijos. Sara eligió ceder a su vasalla Agar a Abraham, conforme con la tradición del día, para que Sara lograra tener un hijo a través de ella, según Génesis 16:2.

Agar forjó, y Sara la relegó. Sara empezó a tratar con reciedumbre con ella, y Agar se fugo al desierto para disgregarse del odio de su amante. Un ángel del Señor se topó con Agar en el desierto, mandándola que volviera con Abraham y Sara. El ángel comunicó una oferta de Dios: “De seguro duplicaré tu linaje para que no se escriban por su aglomeración”. El ángel también anunció el nombre y el perfil de Ismael, según Génesis 16: 11-12.

Más tarde, Dios efectuó su promesa a Abraham y Sara. Sara dio a luz a un hijo aclamado Isaac, e Ismael tendría cerca de 14 años en el instante del nacimiento de Isaac. Abraham consignó a Agar e Ismael remotamente más tarde de que Isaac fue destetado, esto en torno a los 2 o 3 años, lo que hace a Ismael alrededor de 16, de acuerdo con el orden de Dios. En ese instante, Dios redundó su palabra de que Ismael sería patriarca de una gran nación. Agar residía en el desierto y cerca de la muerte cuando el ángel de Dios la reunió y le expresó: “¿Qué te inquieta, Agar? No temas, puesto que Dios ha atendido la voz del niño donde está. ¡Arriba! Alzate y ayúdalo con tu mano, porque lo forjaré una gran potencia”. (Ver Articulo: Historia del Hip Hop)

Ismael y su madre estuvieron en el desierto de Paran, donde se hizo práctico con una salutación y luego despojó una compañera egipcia. A este se le ve una vez más en las escrituras cuando retornó para ayudar a enterrar a su padre Abraham, según Génesis 25: 7-10. Ismael, el hijo de un aprisionado, se reconcilió en el padre de 12 sucesores que fueron citados como príncipes. Él vivió hasta los 137 años de edad. Sara sucumbió a la edad de 127 años en Hebrón, donde fue enterrada.

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Se pueden hacer muchas reflexiones con relación a la historia de Sara y Agar. En primera instancia, Dios puede y, frecuentemente, trabaja de maneras que se entienden poco factibles desde una apariencia humana. Abraham asombrosamente se convirtió en papá a los 86 años y reiteradamente a los 99. La madre de Isaac, Sara, era infecunda. La palabra de Dios a Abraham no dependía de la baluarte humana, y para Dios nada es inadmisible.Dios usó una realidad supuestamente imposible para concebir de Abraham el padre del pueblo judío, tal como lo había señalado.

Es sosegado a partir de esta historia que Dios atarea a pesar del esfuerzo humano errado. Sara no tenía nada que brindar a su siervo con Abraham, y Abraham no poseía nada que ver con acostarse con Agar. Y Sara estaba errada al maltratar a su asistente como lo hizo ella. No obstante, Dios trabajó en estas circunstancias. Agar fue honrada, y Abraham y Sara aún fueron los receptores de la promesa. La piedad de Dios es grande, y su voluntad extremada se logra libremente de la debilidad humana.

Esta historia popular poco factible es la que los lectores esperarían terminar malamente. No obstante, Dios consumó su promesa; Isaac se reconcilió en el hijo de la promesa por quien las castas de Israel se alzarían. El hijo de Agar, Ismael, también se reconcilió en un gran líder. Libremente de cómo se vea una realidad desde una configuración humana, Dios permanece trabajando tanto para cometer su voluntad como para consumar sus promesas.

En Gálatas 4, Pablo utiliza la historia de Sara y Agar para enseñar los resultados de dos acuerdos desiguales: el Nuevo Pacto, establecido en la gracia; y el Antiguo Pacto, fundado en la Ley. En la equivalencia de Pablo, los fervorosos en Cristo son como el niño originario de la libertad de Sara, el resultado de la palabra de Dios. Aquellos que pretenden ganarse la salvación con sus correctas obras son como el niño originario de Agar, un aprisionado, el resultado del arranque humano.

Abraham e Isaac

La historia de Abraham e Isaac es vista como una de insondable fe y subordinación a Dios. Cuando Abraham cumplia 99 años, Dios le dio palabra a él y a su esposa Rebeca, en aquel tiempo de 89 años, que les daría un hijo. Un año más tarde, la palabra de Dios se hizo realidad cuando Rebeca, de 90 años, dio a luz a su hijo Isaac. (Ver artículo: Correo Electrónico)

Cuando Isaac alcanzó a ser un niño, Dios comprobó a Abraham indicándole que tomara a su hijo y lo entregara como un sacrificio incinerado. Aunque colmo de tristeza y sufrimiento, Abraham acató las palabras de Dios sin titubear y llevó a Isaac a la colina. Abraham tenía fe consuma de que Dios facilitaría una salida y que no malgastaría a su hijo.

En el instante en que Abraham amarro a Isaac, un ángel del Señor lo contuvo y le indicó “No le coloques una mano arriba”, dijo. “No le hagas nada a él. Hoy sé que respetas a Dios, porque no me has escondido a tu hijo, tu magnífico hijo”. Dios había suministrado un carnero para que Abraham e Isaac lo ofrendaran como sacrificio. Abraham erigió un altar y nombró el lugar Jehovah-jireh que simboliza “el Señor entrega”.

Abraham había cumplido a Dios muchas veces en su marchar con Él, pero ninguna experiencia pudo haber sido más rigurosa que la de Génesis 22, donde Dios le mandó, “Toma a tu hijo, tu notable hijo, Isaac, a quien amas, y ve a la tierra de Moriah y ofrendalo allí como sacrificio. Esta fue una orden sorprendente porque Isaac era el hijo de una promesa previa.

Dios había propuesto varias veces que desde el proporcionado cuerpo de Abraham arribaría una nación tan profusa como las estrellas en las alturas. Después, a Abraham se le dijo particularmente que la promesa concurriría a través de Isaac. ¿Cómo manifestó Abraham al mandamiento de Dios de ofrecer a Isaac? Con subordinación inmediata, y temprano a la mañana sucesiva, Abraham emprendió su viaje con dos asistentes, un burro y su hijo amado Isaac, con madera para el acto.

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Su obediencia indiscutible a la indefinida orden de Dios, le proporcionó a Dios la gloria que vale y es un ejemplo para nosotros de cómo enaltecer a Dios. Cuando cumplimos como lo hizo Abraham, cediendo en que el plan de Dios es el dominante, exaltamos sus particularidades y lo enaltecemos. La sumisión de Abraham ante este orden terminante glorificó el amor insuperable de Dios, su honradez y su caridad, y nos proveyó un ejemplo para seguir. Su fe en el Dios que había acreditado y amado ubicó a Abraham en el panteón de los héroes fieles Hebreos. (Ver artículo:Historia de la radio)

Padre de la Fe

Se sabe que la fe de Abraham se señala tan frecuentemente en la Biblia, donde hay varias lecciones que se pueden asimilar. Primeramente antes que todo, Abraham fue reconocido por la fe. Dios ha dispuesto que todos deben ser verificados por la fe. Eso simboliza que somos declarados intachables en su presencia por la casta del sacrificio de su hijo Jesus y por la fe en Dios.

En Romanos 4: 9-11, se explica el tema de la justicia de la fe: “Porque expresamos que la fe le fue referida a Abraham por rectitud. ¿Cómo se registró? ¿Mientras vivió circuncidado o no circuncidado? No mientras reside circuncidado, pero si no vive circuncidado. Y recogió la señal de la circuncisión, el timbre de la entereza de la fe que poseyó mientras aún no era circuncidado, para que él sea el padre de todos los que erijan, si bien sean incircuncisos, que la equidad también les sea atribuida a ellos”.

Podemos decir que, ya sea que uno sea judío o no, aquellos que poseen la firmeza de la fe, la firmeza que Dios les atribuye, son los herederos de nuestro padre Abraham. Todos han de tener fe recorriendo los pasos de Abraham. Debemos conmemorar que las ofrendas de Dios dadas a Abraham se ejecutan a través de la fe. Abraham y su núcleo, sus verdaderos sucesores que tienen fe, adquirirán las ofrendas de Dios suministradas a Abraham. (Ver artículo: Historia de Windows)

Como se ve en Romanos 4:13: “Porque la palabra de que él sería el beneficiario del mundo no fue para Abraham o su núcleo por medio de la ley, sino por la firmeza de la fe”. Precisamos hacer lo que forjó nuestro padre Abraham. Requerimos creer que Dios puede hacer lo increíble y que nada es muy dificultoso para Dios. Necesitamos entender el poder y las palabras de Dios, sin titubear. Necesitamos profesar y ser espontáneamente sumisos a Dios, salir de este mundo y abandonar el pecado.

Asimismo debemos descansar en la guía y dirección de Dios para mandarnos a un espacio desconocido. Mientras caminamos por la vida como infrecuentes y extraños en el mundo, hemos de mirar con fe al Reino próximo de Dios y a una nueva Jerusalén. Nuestra fe en la representación futura del mundo próximo, que debería motivarnos a existir por fe.

Posteriormente, a través del modelo de Abraham, vemos que hemos de manifestar nuestra fe siendo disciplinados a Dios y haciendo piadosas labores que manifiesten nuestra fe. Nuestra fe se afina concibiendo buenas obras. Tener fe y hacer clementes obras es una fe real. Una frase famosa de la biblia con respecto a esto es: “Te manifestaré mi fe por mis obras”. Abraham indisputablemente nos expuso toda su fe con sus labores, y por esto se considera el Padre de la Fe.

Historia de Abraham y Moisés

Dice la Biblia, que Moisés es el sucesor, seis proles después, de Abraham, pasando por las generaciones de: Abraham, Isaac, Jacob, Leví, Coat, Amram y finalmente Moisés. Según casi todos los analistas, comparten la particularidad de que ninguno de ellos vivió realmente, y las historias bíblicas en las que surgen son conocidas por los afanosos como mitos elementales. (Ver artículo: El Triángulo de las Bermudas)

Abraham y Moisés son las dos labras centradas en la Torá, que es el nombre de los 5 libros de Moisés, desde un punto de vista intelectual. Abraham es el patriarca subjetivo del pueblo judío, y Moisés es el visionario más grande en la Biblia hebraica. Para entender la divergencia entre Abraham y Moisés como labras en la Torá, debemos deducir la naturaleza del judaísmo como culto.

El judaísmo es un culto en un sentido muy disímil al cristianismo. El cristianismo es una religión en un sentido fiel, de un encargo de fe no solo en Dios, sino en Jesús como el Mesías, y, en estreno, no puede existir  tal cosa como un cristiano profano no fervoroso, es decir, que no cree en Jesús como el Mesías. Por el reverso, el judaísmo es una religión en un ámbito ortórax, es decir, de hechos correctos, de una forma de vida o erudición del pueblo judío.

Hay judíos que se especifican a sí mismos como devotos y aquellos que se concretan como laicos. Lo que puntualiza a uno como judío no es un encargo de fe o una vida cotidiana judía de la ley y la práctica protocolar, sino, según la tradición judía tradicional, es nacer de una madre judía o haberse catequizado. Lo que une a los judíos no es un encargo de fe o una vida judía habitual de derecho y práctica ritual, sino que corresponde a un pueblo con una historia cooperada, un idioma habitual del pueblo judío, que es el hebreo, una tierra nativa, Israel, y una cultura y fortuna compartidas.

Por lo tanto, hay dos compendios del judaísmo como religión en si, el judaísmo como carácter de vida, es decir, cultura, y el término de pueblo judío. Estos dos compendios del judaísmo como religión se irradian en la concepción bíblica en dos acuerdos religiosos entre Dios y el poblado judío, según el cuento bíblico. El primero es el compromiso entre Dios y Abraham. Hay dos privativas importantes propias del tratado con Abraham; Abraham es el patriarca del pueblo de Israel, un pueblo judío y el pueblo judío alcanzará la tierra de Israel.

La reseña del pacto de Abraham es un sección, que dice: “Y fundaré mi pacto entre mí y vos principio después de ti… todo hombre entre vosotros será circuncidado, y será una señal del compromiso entre Yo y vosotros”, esto según Génesis 17, 7-11. El segundo es el tratado entre Dios y Moisés. El rasgo particular del pacto con Moisés es la aceptación de la Torá, en el Collado Sinaí que personifica el nacimiento del judaísmo como un culto. Moisés es diferente de todos los demás elegidos de la Biblia hebraica, en que Moisés es el sublime profeta que es diestro de leyes. (Ver artículo: Historia de la biología)

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Historia de Abraham y Lot

La historia de Abraham y Lot empieza con el progenitor de Abraham, Taré. Taré prorrumpió de Ur de los caldeos y anduvo al oeste, a Jarán con Abraham. La cónyuge de Abraham, era Sarah; y Lot, era el sobrino de Abraham. Mas tarde Taré murió en Harán según Génesis 11:32.

Segun Génesis 12: 1-3Abraham acogió un llamado del Señor que le decía, “Vete de tu tierra y de tus parientes y de la casa de tu padre a la tierra que te manifestaré. Y haré de ti una gran tierra, y te bendeciré y creceré tu nombre para que seas una congratulación. Bendeciré a los que te glorifiquen, y al que te mancille, maldeciré, y en ti serán enaltecidas todas las familias de la tierra”. Esta promesa contenía una tierra, una patria y un pueblo. Abraham acató, llevándose a Sara y a Lot con él, junto con sus asistentes y patrimonios, y se instauró en Siquem.

Luego de un precario tiempo en Egipto durante una época de hambre, retornaron a Canaan. Allí, los asistentes de Abraham y Lot previnieron en discusiones sobre áreas de apacentamiento para sus grandes tropas de ganado. Abraham y Lot acordaron distanciarse, con Abraham facilitando a Lot la primera elección de tierra. Lot eligió la tierra de la planicie del Jordán, cerca de Sodoma y Gomorra, debido a los delicados campos allí. Abraham se instauró cerca de Hebrón, según Génesis 13. La elección de Lot repercutió en ser una tontería, ya que la perversidad de Sodoma era muy grande. La hierba era más verde junto a Sodoma, pero lo más verde no continuamente es superior.

Una asociación de cuatro reyes embistió a Sodoma, y ​​Lot y muchos otros fueron puestos presos. Al percibir las noticias, Abraham lideró una fuerza de 318 individuos para liberar a Lot. Cuando Abraham volvió triunfante de la batalla, y le dio una décima porción del triunfo a un sacerdote llamado Melquisedec. Dios luego refrescó su tratado con Abraham, que contenía la oferta de un hijo.

La historia de Abraham y Lot deja ver cómo Dios puede convocar a alguien para conseguir grandes proyectos. También instruye la locura de tomar medidas basadas exclusivamente en formas externas. “Hay un pasaje que parece considerado para un hombre, pero al final transborda a la muerte”, esto según Proverbios 14:12. El camino a Sodoma lo consideraba correcto Lot, pero casi le valió la vida. (Ver artículo: Historia de la física)

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La tierra prometida

La tierra prometida es un lugar, que según el Tanaj, fue prometida y consecutivamente concedida por Dios a Abraham y sus sucesores, y en los contextos actuales es una imagen e idea correspondida tanto con la Patria devuelta para el pueblo judío como con la garantía y la liberación es más frecuente entendido. La tierra prometida en la Biblia era esa superficie territorial que Dios el Padre prometió dar a su pueblo elegido, los herederos de Abraham.

El espacio estaba situado en la antigua Canaan, en el extremo este del mar Mediterráneo. En la biblia, números 34: 1-12 especifica sus límites puntuales. Para los pastores errantes como los judíos, poseer un hogar inquebrantable que podían llamar suyo era una ilusión hecha realidad. Era un lugar de respiro de su constante supresión. Esta superficie era tan exquisita en recursos nativos que Dios la citó “una heredad que chorrea con leche y miel”.

Durante un periodo de hambre, Jacob, también citado Israel, concurrió a Egipto con su familia, donde había alimento. Con los años, los egipcios cambiaron a los judíos por esclavos. Después de que Dios los libró de esa esclavitud, los trajo de regreso a la tierra prometida, bajo el mandato de Moisés. Debido a que la multitud no pudo entregarse a Dios, no obstante, los hizo deambular 40 años en el desierto hasta que esa descendencia sucumbió. (Ver artículo: Historia del cómic)

El heredero de Moisés, Josué, posteriormente transportó al pueblo y esgrimió como el líder militar en la conquista del poder. El país se fragmentó entre las tribus por lotería. Después de la muerte de Josué, Israel fue regido por una serie de ministros. La gente acudió habitualmente a dioses falsos y transigió por ello. Luego, en 586 a.C, Dios consintió que los babilonios demolieran el templo de Jerusalén y transportaran a la mayoría de los judíos a la esclavitud de Babilonia. Fortuitamente, volvieron a la tierra prometida, pero bajo los monarcas de Israel, la lealtad a Dios era inconsistente. Dios envió elegidos para sugerir a la gente a arrepentirse, concluyendo con Juan el Bautista.

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