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Historia de Manuela Saenz, la libertadora del libertador

La historia de Manuela Saenz se basa en una gran revolucionaria sur americana atribuida, que jugó un papel clave en la emancipación de Nueva Granada. También fue la amante de Simón Bolívar, el líder rebelde venezolano.

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Sáenz era hija de un ilustre español, pero surgió fuera del matrimonio. Ella fue casada con un rico negociante inglés a la edad de 19 años. Durante su temporal matrimonio, entró en contacto con el particular del ejército y los primordiales políticos, ya que eran invitados regulares en los encuentros sindicales en su casa. Conoció la sublevación y se inspiró en la revolución regida por Simón Bolívar para la independencia de la Nueva Granada.

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Esta posteriormente dejó a su marido y se mudó a Quito para auxiliar a Bolívar con la sublevación. Ella se reconcilió en uno de los miembros más significativos del grupo de personas que peleaban por la causa. Manuela Saenz tuvo una subsistencia difícil después de la muerte de Bolívar cuando fue expedida al exilio por los dominios fácticos, no obstante, se la reflexiona como uno de las columnas de la revolución actualmente.

Manuela Sáenz, popularmente conocida como Manuelita, nació el 27 de diciembre de 1797 en Quito, Ecuador, y falleció el 23 de noviembre de 1856 en Paita, Perú. La misma fue conocida como amante del libertador sur americano Simón Bolívar, cuyas acciones revolucionarias compartió con él. Sáenz y el estigma de su nacimiento causaron muchos conflictos tempranos. A la muerte de su madre, Joaquina Aispuru, la libraron a vivir al templo de Santa Catalina. (ver articulo: Historia de la biología)

Persistió allí hasta los 17 años, cuando se relacionó con James Thorne, un rico comerciante británico. Thorne la llevó a Lima, donde Sáenz conoció por primera vez el movimiento por la libertad. Regresó a su lugar de origen, Quito, en junio de 1822 y conoció a Bolívar a continuación de su triunfo en la zona. Se enamoraron, y ella ensambló su vida con la suya y con la causa por la que estaba contendiendo.

Sáenz cooperó tanto la cumbre de Bolívar como su declive. Sus intentos de amparar a los peruanos de su lado fueron infructuosos. Fue desterrada de Lima y se unió a Bolívar en Bogotá, donde el 25 de septiembre de 1828 lo protegió de los traidores. Cuando supo de su fallecimiento en 1830, intentó sin éxito suicidarse. En 1834 fue desterrada de Bogotá y se mudó al pequeño puerto peruano de Paita, donde se ganaba la vida como mercader de dulces y tabaco. Ella murió allí durante un brote de difteria.

Historia de Manuela Saenz y Simón Bolívar

Manuela Sáenz experimentaría muy temprano en su vida que el matrimonio no era tan trascendental como el amor. Su madre, Joaquina Aizpuru, no residía casada cuando estuvo encinta de Sáenz, como resultado de un episodio amoroso con un distinguido de la familia en una clase social superior. Para evitar la degradación de tan mal juicio, Aizpuru fue despachada a un lugar secreto para conservar su embarazo, y obligada a conceder a su hija al cuidado de monjas en un monasterio en Quito.

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Ella sucumbió cuando Sáenz tenía siete años. Su padre, Simón Sáenz de Vergara era un adinerado hombre de negocios y un político afamado con una esposa y seis hijos. Una algarabía podría haber arruinado su vida, pero para su consideración, reconoció a Sáenz, pagó el capital de mil pesos para que su hija acogiera una educación adecuada en el convento, y la enseñó a sus hijos legítimos, proporcionándole a su vida algo de argumento familiar. El padre de Sáenz tomó la responsabilidad del futuro de su hija al acordar un matrimonio con un inglés mucho más viejo y acaudalado, y los recién casados ​​se instalaron en Lima. Como joven cónyuge, Sáenz socializó con la élite general, política y militar de Perú. (ver articulo: Historia de Windows)

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Se hizo tolerante con la causa rebelde y, en contra de las disposiciones de su marido, se acopló a los patriotas para liberar al Perú de la opresión de España. Por su participación, Sáenz cogió la Orden del Sol, un premio concedido a aquellos que hicieron un tributo considerable a la campaña. Como su deseo por la aventura política había sido incitado, Sáenz dejó a su marido y se trasladó a Quito en 1822. Ella renunció a su matrimonio sin excusas en un instante en que las mujeres tenían pocas elecciones en la vida. Allí Sáenz se tropezó con Simón Bolívar, el Libertador  de Sur américa.

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De regreso en su ciudad natal, Sáenz reiteradamente se sumergió en el grupo de independencia. Bolívar marcharía por la ciudad para aclamar la victoria en la batalla que le dio a Quito la libertad. En un día nefasto, la participación de Sáenz no fue contribuyente. Ella tenía el trabajo resueltamente femenino de adornar las casas a lo largo de la ruta de la procesión para causar una buena opinión en el soldado apreciado. Esa noche, los dos se toparon en una recepción y empezaron su remota historia de amor.

Al comienzo, se sospechaba que Sáenz era otra incisión en el tirador de un gran mujeriego. Por indecente que fue su romance, la pareja tuvo una reunión inmediata, honda y apasionada. Cuando Bolívar surgió de Quito, Sáenz no se arrinconó a su familia, ni siquiera a su matrimonio, como una amante desechada. Ella lo siguió y se constituyó a su vida. La sociedad romántica de Sáenz y Bolívar no podía diferenciarse de su alianza política. Se reconcilió en la guardiana oficial del archivo personal de Bolívar, resguardando sus documentos privados y conservando personalmente el secreto de la maniobra militar del ejército.

Su responsabilidad con la causa superó cualquier temor que lograra haber tenido de la ofensiva. Sáenz constituyó tropas y salvó y cuidó a los heridos en el campo de batalla. En una carta a Bolívar, el general colombiano Antonio José de Sucre citó a Sáenz como una héroe por su tributo en la Batalla de Ayacucho, y pidió que Bolívar la convirtiera en Coronel del ejército colombiano, lo cual hizo. Esta designación fue tan controvertida porque Sáenz era una mujer que, en una irritada carta a Bolívar, el vicepresidente colombiano Francisco Paula de Santander lo culpó de favoritismo. (ver articulo:Historia de la radio)

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Cuando concluyeron las guerras por la libertad, Sáenz tenía 29 años y se mudó a la morada oficial de Bolívar. Ella era conocida como su amante, pero su autoridad se desarrolló más allá de lo personal al papel de vigilante para aquellos que pretendían reunirse con Bolívar. Y ella no precisaba permiso para proceder en su nombre. En 1827 en Lima, las situaciones para las tropas eran tan infernales que los oficiales del ejército amenazaron con una insurrección que carcomería completamente la nueva constitución que Bolívar había fundado. Mientras Bolívar estaba retirado, Sáenz visitó a los soldados que ataviaban uniforme de coronel y socorrió con dinero para comida para distraerlos de ser influenciados por los insurrectos con una agenda política posterior.

Fue galardonada por su iniciativa al ser detenida y expulsada de Perú, pero su responsabilidad con la causa de Bolívar nunca titubeó. Sáenz no solo se ofreció a la misión política de Bolívar, sino que fue claramente responsable de salvar su vida en al menos dos oportunidades. En agosto de 1928 Bolívar iba a acudir a una fiesta a la que no se invitó a Sáenz. Ella había recogido la noticia de que a medianoche sería liquidado, y ella le imploró que se saltara el evento. Ignoró sus avisos pensando que ella estaba celosa de no estar en la lista de asistentes.

Cerca de las 11:00, Sáenz se mostró con un uniforme militar, pero el escolta le negó la entrada y implicó ser uno de los conspiradores. Hizo otro ensayo alterado de adelantarse a la tentativa de asesinato cubriéndose con andrajos sucios como una vieja maniática. Se instaló afuera y gritó: “¡Que viva el Libertador!”. La conducta de Sáenz se estaba trocando en una vergüenza para Bolívar, por lo que dejó la fiesta para amonestarla. A medianoche, cuando los insidiosos vinieron a matarlo, Bolívar huyó. (ver articulo: El Triangulo de las Bermudas y la Atlántida)

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Seis semanas más tarde, la pareja residía en casa cuando los hostiles de Bolívar ingresaron a la casa con el mismo objetivo. Sáenz arrancó hacia el hombre dormido, le facilitó una espada y una pistola y lo forzó a saltar por la ventana. Bolívar se resistió, indeliberadamente quería quedarse y luchar, pero posteriormente confió en su juicio y se fue. Cuando los posibles asesinos la comprobaron, ella dijo evidentemente que no sabía dónde estaba y logró escapar. Por este épico esfuerzo, Bolívar la aclamó “Libertadora del Libertador”.

La sociedad de Sáenz con Bolívar no la hizo ambicionar a los líderes entrantes, y ella fue desterrada a Jamaica tres años más tarde. Incluso desde la distancia, ella intentó conservarse involucrada en el proceso político de instaurar los límites entre Colombia, Ecuador y Perú a través de la comunicación por carta. Con el tiempo, no obstante, ella se tornó cada vez menos notable. Sus últimos años disentían con las fascinantes aventuras con Bolívar. Después de impugnar un intento de volver a Ecuador, Sáenz se instauró en una ciudad portuaria en el norte de Perú, ofreciendo tabaco y traduciendo cartas para los balleneros estadounidenses para enviar a sus amantes en Sur América.

Saenz cayó cuando las escaleras de su vivienda, gastadas por las termitas, colapsaron y quedo discapacitada permanentemente. En 1856, a los 59 años, Sáenz sucumbió durante una epidemia de difteria y fue sepultada anónimamente en una tumba común. A Sáenz posteriormente se le dio el digno respeto por su papel en la independencia de Suramérica de España. (ver articulo:La historia del Internet).

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